miércoles, 25 de septiembre de 2013

Neoliberalismo y Educación en España, un largo peregrinar desde los años 80.

Cuando hablamos de educación en el Estado Español una idea ha calado hondo entre el conjunto de la población: la educación en nuestro país está casi peor que nuestra economía y esto se debe a la ausencia de consenso entre los grandes partidos y al gran número de leyes (reformas y contrarreformas) que han sido aprobadas tras la transición.

Lo que pretendemos a continuación es demostrar justamente lo contrario, a saber, que existe un consenso entre las fuerzas del sistema en educación tan solvente como los que existen a nivel económico, judicial o sanitario y que son los matices ideológicos y los tiempos en la aplicación de las medidas mercantilizadoras lo que diferencia la política educativa de PSOE y PP.

La génesis de los sistemas educativos modernos.

La sistematización y extensión de los sistemas educativos modernos tiene como hito histórico la revolución francesa. La burguesía extiende la educación para asegurar una mínima igualdad de oportunidades para todas las ciudadanas y ciudadanos. En los planes ilustrados el título nobiliario de la organización social aristocrática anterior debía ser sustituido como pasaporte de movilidad social por el título académico: “(…) la distribución de la educación entre los individuos, en proporción a sus capacidades, podría representar por sí sola todo el orden social del porvenir, al menos en su oposición al pasado.”

La escolarización pretende conseguir que la derrota del antiguo régimen en la esfera material lo sea también en el campo ideológico: “El lazo más fuerte que puede unir a todos los miembros de una sociedad es la semejanza de sus principios, y esta semejanza sólo puede existir como resultado de la enseñanza otorgada a todos los ciudadanos” (Saint-Simón)1

Además, se persigue crear cohesión social en torno no ya a una persona -el Rey- o un proyecto religioso -la iglesia católica- sino al proyecto de estado moderno de corte burgués y, para ello, debe asegurarse la configuración de un potente aparato ideológico a través de la escuela.

En España, como las guillotinas no llegaron a palacio, las cosas fueron más despacio. La Ley Moyano (1857) que se mantuvo vigente con pequeños cambios hasta 1970, marcó la senda del devenir de la instrucción pública prácticamente hasta que el franquismo daba sus últimos coletazos, al menos, oficiosamente.

De como hemos llegado hasta aquí: 1985-2011.

Siguiendo la caracterización del profesor Apple podemos agrupar las tendencias de la derecha en educación en torno a dos tipos de medidas. De un lado las de corte neoliberal, que persiguen la mercantilización de la enseñanza y, de otro, las de corte neoconservador, que tienen por objetivo asegurarse el control efectivo del sistema educativo a nivel ideológico2.

La espiral mercantilizadora en España comienza en el momento en que el PSOE asume como mal menor la renuncia a la “escuela única” que había caracterizado su programa educativo desde los años 20 del siglo pasado, reconociendo la enseñanza concertada en pie de igualdad de la pública al hablar únicamente de “centros sostenidos con fondos públicos” en la LODE (1985).

Esta renuncia, a cambio de “hacer más pública” la enseñanza concertada, al establecer la participación de las familias y alumnos en los órganos de gobierno de los centros concertados fue el pistoletazo de salida de lo que vendría después3.

La LOGSE (1990) consagra la doble red pública-privada y un modelo de curriculum que responde a su visión más federalizante del estado respecto al PP al repartir la configuración del currículo en proporciones de, al menos, un 55% para el estado y un 45%, como máximo, para las comunidades autónomas. Entre los aspectos positivos figura la extensión de la enseñanza obligatoria hasta los 16 años, algunos ribetes de comprehensividad en la configuración del modelo educativo y la consolidación de los Consejos Escolares instaurados en la LODE.

La LOPEGCE (1995), aprobada un año antes del fin del gobierno de Felipe González, resolvió la tesitura de dar más protagonismo a las familias y aumentar la “calidad” de la enseñanza desde unos postulados radicalmente neoliberales.

Aumentar la “calidad” de la enseñanza y la participación de las familias en la educación desde una óptica neoliberal consiste en tres premisas fácilmente entendibles: a) crear distritos únicos para que las familias puedan elegir un centro de acuerdo a sus convicciones o al modelo educativo que practiquen; b) dar autonomía a los centros para que se financien y organicen conforme a su modelo educativo y de funcionamiento de tal manera que ofrezcan “productos” diferenciados; y c) los centros deben esforzarse en mejorar para captar más clientes de modo que se consigue una mejora general de la “calidad” educativa.

Frente a ese modelo, la propuesta desde la izquierda era más sencilla e igualitaria pero más tediosa para la administración: se trataba de un modelo de proximidad. Cada alumno o alumna estudiaría en el centro de su barrio dando a las familias más protagonismo en los centros y también al alumnado.

De este modo, la administración no tendría más remedio -si no quería padecer movilizaciones educativas- que dotar de recursos suficientes a todos y cada uno de los centros públicos que, funcionando de forma democrática, con la participación de madres y padres, alumnado y profesorado, perseguirían el bien común de cada centro.

El Partido Socialista, pudiendo optar por lo segundo, decidió con la LOPEGCE, sentar las bases para lo primero.

Establecido este modelo de cuasimercado4, el PP ya tenía el trabajo sucio realizado cuando llegó al poder en 1996. Así las cosas, la LOCE (2002) únicamente acelera el proceso de configuración de los distritos únicos, otorgando una mayor libertad de elección a las familias y ahondando en una gestión más empresarial de los centros, acercándolos a los modelos eficaces, procedentes del ámbito privado.

El PP, asimismo, puso cierto énfasis en los componentes neoconservadores que diferencian a ambos partidos en el campo de la educación. La primera medida tenía que ver con el modelo de estado, -conscientes de lo que un día dijo Rousseau apropósito de que “la verdadera educación es la que debe dar a las almas la forma de la educación nacional y dirigir de tal modo sus opiniones y gustos, que sean patriotas por inclinación, por pasión, por necesidad.”- tratando de recentralizar en la medida de lo posible la educación.

Para asegurarse el control ideológico del curriculum se impulsó la creación de las conocidas reválidas. También se introdujo la concepción católica del sacrificio, al plantear que los estudiantes debían esforzarse para aprender, como si no fuese posible disfrutar aprendiendo. Además, pretendió contentar al sector más conservador del profesorado con bonitas y rimbombantes palabras acerca de la autoridad.

El PSOE lo tuvo fácil para diferenciarse del PP cuando volvió al poder en 2004. Renunció a corregir el disparate de equiparar pública y concertada y siguió hablando de “centros sostenidos con fondos públicos” pero derogó la LOCE del PP y aprobó una Ley Orgánica de Educación (LOE, 2006) que únicamente retocó algunos aspectos de la LOGSE y LOCE: dejó de hablar de integración asumiendo el nuevo discurso de la inclusión y contentó a las derechas nacionalistas catalanas y vascas volviendo a otorgarles el protagonismo que una vez el PP intentó arrebatarles -aunque fuera mínimamente- en cuanto al control ideológico del curriculum y la gestión del sistema educativo.

Pudiendo haber revisado los acuerdos con el Vaticano en cuanto a la enseñanza de la religión y con una mayoría social que apoyaba la eliminación de la asignatura de adoctrinamiento católico el PSOE salió por la tangente y la religión siguió en las escuelas públicas a cambio de la creación de una nueva asignatura, la educación para la ciudadanía, que además cumplió brillantemente con el cometido de diferenciar a los dos partidos mayoritarios en lo accesorio ocultando el consenso en lo fundamental.

La ley Wert: neoliberalismo y neoconservadurismo.

La LOMCE, o Ley Wert, del actual gobierno encabezado por Mariano Rajoy es un ataque brutal a la enseñanza pública, a la participación democrática de la comunidad educativa en los centros y a la igualdad de oportunidades.

Entre otras medidas, se pretende profesionalizar la gestión del gobierno de los centros acabando con el poco margen de decisión que tenían los Consejos Escolares y potenciando la figura del director.

Convierte de facto la enseñanza pública en subsidiaria de la concertada. Se trata de dar rango legal a lo que es un hecho -tres sistemas educativos para tres clases sociales-: una enseñanza privada para las élites, una enseñanza concertada para las denominadas “clases medias” y una enseñanza pública para las clases populares.

Llama la atención la supresión de la Prueba de Acceso a la Universidad y su sustitución por dos pruebas. La primera será una reválida al acabar el segundo curso de bachillerato que tendrá un peso del 40% sobre la nota final del bachillerato. Posteriormente, deberán superar las pruebas específicas que las universidades podrán incluir en determinados estudios. En la práctica podría suponer la expulsión de los estudiantes procedentes de la enseñanza pública de tales estudios, conocida la afición de determinados centros privados por inflar los expedientes de su alumnado para evitar que las pruebas generales -como la consabida reválida o la extinta PAU- jueguen malas pasadas a su alumnado. Y si aún así no se les logra siempre les quedará la universidad privada cuya principal prueba de acceso será la capacidad económica de las familias o tirar de otro de los criterios de admisión previstos en la ley: “la formación complementaria”, que seguramente los centros privados ofrecerán a sus bachilleres previo paso por caja .

En este mismo sentido, se pretende tomar medidas absolutamente aberrantes como la diferenciación curricular entre los centros desde primaria dividiendo el curriculum en bloques de materias que permitirá absurdos como un mayor control de los contenidos por parte de la administración central en todo el estado al tiempo que se promueve que dos centros que se encuentren a escasa distancia física oferten estudios con asignaturas diferentes desde el primer curso de primaria. Como guinda, se re-instaura la doble vía al acabar la enseñanza obligatoria creando dos itinerarios en cuarto de ESO: uno dirigido a la FP y otro al bachillerato.

Seguramente la más nociva de cuantas medidas propone la Ley Wert sea esta “especialización” de los centros, eufemística manera de ocultar la diferenciación de los mismos y su clasificación en rankings previas evaluaciones públicas auspiciadas por la administración. Sin lugar a dudas, dará lugar a centros de primera, de segunda y tercera categoría y surgirán, como no, centros-ghetto
 
La Ley Wert supone la consagración del modelo neoliberal aplicado a la enseñanza. Pero este viaje no comenzó el 20 de Noviembre de 2011 con la llegada del PP al poder sino mucho antes, cuando una parte de la izquierda decidió renunciar a sus supuestas señas de identidad en educación.

Tristemente, para que el Partido Popular pueda construir semejante esperpento, alguien antes colocó los cimientos. 
 
1Las dos citas que aparecen en este apartado y la que que veremos más adelante de Rousseau han sido tomadas de LERENA, C. (1983). Reprimir y liberar. Madrid: Akal.
2APPLE, M.W.: La política del saber oficial: ¿tiene sentido un curriculum nacional? en AA.VV (1995): Volver a pensar la educación. Madrid: Morata.

3ROZADA, JM,Coord (2003): Las reformas escolares de la democracia. Oviedo: KRK/Fedicaria.
4Tomo este concepto del profesor de la Universidad de Valencia Cesar Cascante.

lunes, 22 de octubre de 2012

Elecciones en Galicia y Euskadi

‎1. La abstención.

Tiene un elevado componente de clase. Generalmente se abstienen las clases populares. Los ricos no se abstienen porque tienen mucho que perder y les interesa que todo continúe igual.

Indices elevados de abstención no perjudican ni erosionan al sistema. EEUU lleva muchos años funcionando asi.

2. Populismo

El experimento fracasado de la extrema derecha de intentar situar en la escena politica a un populista como Mario Conde demuestra que el PP mantiene intacto su espectro electoral y aglutina a toda la derecha incluida la facción más reaccionaria del franquismo sociológico.

El populismo no saca partido del discurso contra ''los politicos'' que promueve el TDT Party.

La berlusconización de la política española aún no es posible y sólo la puede propiciar el fraccionamiento de la derecha, como ocurrió en Asturias.

3 La izquierda

Euskadi se enfrentó a unas elecciones minimamente decentes sin adulteraciones vía ilegalizaciones. La paz le ha dado a Bildu lo que las armas le quitaban, esto es, los votos de una parte de la izquierda que no votaba esta opción en un escenario de legitmación de la violencia. 

Nada nuevo en el horizonte, solo propuestas de la socialdemocracia de izquierda.

Tampoco en Galicia, donde la irrupción de ANOVA tiene poco de regeneración de la izquierda dado que ni tan siquiera habría llegado al parlamento de no ser por un tremendo animal político llamado Beiras. Eso no quiere decir que a través de ANOVA no pueda intentarse un proyecto transformador, algo que a día de hoy no es.

Los análisis que mezclan votos de ANOVA y BNG quedan muy bien de cara a la galería y nos permiten movernos con ilusion por los mundos de heidi, pero solo son eso, deseos e ilusiones.

Por su parte el PSOE devuelve lo que no es suyo, es decir, una parte del voto oportunista que apostó por esta fuerza como mejor opción durante la burbuja precedente a la crisis. Tambien pierde un importante caudal de votos de la clase obrera que manifiesta su hartazgo mediante la abstención.

En cuanto a las fuerzas que mantienen un discurso comunista, como el PCPE, siguen sin conseguir avanzar, limitados por el peso del voto de tradición obrera hacia IU, BNG, Bildu... por ser todavía una fuerza muy pequeña e imagino que por su propia incapacidad.

4. Lo que se avecina.

A partir de todo esto veremos qué ocurre en el PSOE, donde puede darse un escenario de disciplina -esperar a que dentro de cuatro u ocho años vuelvan al poder- o pueden entrar en una auténtica guerra sin cuartel por el control de los pocos puestinos y perres a los que tienen acceso en la actualidad. 

Cataluña, donde la izquierda es incapaz de denunciar la farsa del debate independentista y sigue y hace el juego electoralista a la derecha aglutinada en torno a CIU y PP -los dos partidos que se benefician del discurso nacionalista- será el proximo escenario de una batalla que, a mi juicio, se antoja perdida por una torpe izquierda que sale al campo de juego derrotada...desde hace muchos años y es incapaz de generar una cohesión interna en torno a lo ideológico y no de lo coyuntural. 

Mientras la tele siga mandando en las cúpulas de las organizaciones de izquierda dirigiendo su agenda, y la formación política e ideológica de los militantes llegue en el mejor de los casos a la lectura de artículos de rebelión.org, La República, Kaos, etc. poco podemos esperar*.

(*Y como yo leo rebelión, la república, kaos, etc, que nadie se me tire al cuello. Solo digo que hay que volver a un modelo de formación tradicional, con ciertas lecturas imprescindibles de algunos autores imprescindibles.)

miércoles, 20 de junio de 2012

La dictadura de los sabios.


Augusto Comte quería un gobierno de sabios positivos que se rigieran por los designios de la ciencia frente al oscurantismo y la superstición religiosa que representaba la forma de gobierno del antiguo régimen. 

De este modo, trataba de desterrar no sólo la religión sino también las ideologías -menos la suya- de los gobiernos. Así, el gobierno debía ser cosa de expertos.

Y poco a poco esa ideología ha ido haciéndose hegemónica hasta que a día de hoy nos hemos dado de bruces con los tecnócratas. 

En efecto, la "democracia" ha sido sustituida por una tecnocracia donde un grupo de esos "sabios positivos", es decir, de economistas neoliberales al servicio de la gran burguesía transnacional, deciden absolutamente todo. 

Nadie discute el nuevo credo, si algo no es rentable y deciden que se cierre se cierra, y punto. Curiosamente, a pesar de su supuesto cariz científico, sus decisiones tienen mucho más de político que de positivista.

La mina debe ser cerrada porque no es rentable, pero los "huertos solares", mucho menos rentables, son intocables. El metal español ha sufrido una tremenda reconversión desde los años 70  para aumentar su productividad, al tiempo que se destinan miles y miles de millones a bonificar las contrataciones de ciertas empresas de dudosa rentabilidad.

Me pregunto yo por la rentabilidad de nuestra banca, que se va a embolsar más de 100.000 millones de euros en ayudas de una sola tacada, cantidad suficiente para mantener las minas españolas abiertas cientos de años. ¿Dónde quedó el principio neoliberal de la no intervención en la economía? ¿Dónde la mano invisible que regularía por si sola el mercado? 

Lo mismo podríamos decir del campo. Si la cuestión es de la rentabilidad en términos económicos hace muchos años, más de 30, que deberíamos haber cerrado hasta el último campo y la última ganadería española, porque traer los productos agrícolas y ganaderos de los mismos países de donde se trae el carbón de importación, también es más rentable que producirlos aquí. (Las subvenciones europeas al campo español superan los 5.500 millones de euros anuales)

La realidad es que si se aplicase radicalmente el criterio de rentabilidad en nuestro país, hace mucho tiempo que no habría trabajo para nadie.

Y mientras tanto, los borbones siguen viviendo como reyes, a golpe de subvención. Y mientras tanto, la iglesia católica  se embolsa más de 10.000 millones de euros al año entre todo su entramado religioso-empresarial. Y mientras tanto, la presencia del ejército español en Afganistán nos ha costado 1.500 millones de euros. 

Y mientras tanto...

Y mientras tanto unos luchando y otros robando.

martes, 12 de junio de 2012

Izquierda y educación.


El desarrollo y sistematización del sistema educativo moderno tras la revolución francesa tuvo una función de legitimación del nuevo orden social.

La burguesía extiende a partir del siglo XIX la educación para asegurar una mínima igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. En los planes ilustrados, el título nobiliario del antiguo régimen debe ser sustituido como pasaporte de movilidad social por el título académico. La escolarización pretende conseguir que la derrota del antiguo régimen en la esfera material, lo sea también en el campo ideológico:

El lazo más fuerte que puede unir a todos los miembros de una sociedad es la semejanza de sus principios, y esta semejanza sólo puede existir como resultado de la enseñanza otorgada a todos los ciudadanos” (Saint-Simón)

Es, por tanto, una tácita renuncia a garantizar una igualdad en torno a las condiciones materiales de existencia de todos los ciudadanos, reduciendo tal igualdad al aseguramiento de la oportunidad de competir en el Sistema Educativo por una titulación académica que le permita ascender en el orden social, la igualdad ante la ley, etc. De este modo, la propiedad privada y otros privilegios quedan al margen de cualquier debate.

La única barrera que los propietarios pueden oponer al proletariado es un sistema ético” (Saint-Simón).

La escuela capitalista solo puede aspirar a asegurar una mínima movilidad social.

La izquierda defiende la escuela pública en la actualidad, pero no debe reducir sus aspiraciones en el ámbito educativo a su mantenimiento:

Sólo trasformando radicalmente la enseñanza, la organización y la educación de la juventud, conseguiremos que el resultado de los esfuerzos de la joven generación sea la creación de una sociedad que no se parezca a la antigua, es decir, de la sociedad comunista.” (Lenin)

Debemos superar la concepción socialdemócrata de la igualdad de oportunidades, pues aunque esta fuese posible y se asegurase una movilidad social plena, estaríamos como mucho ante el máximo desarrollo de la democracia burguesa pero la estructura de clases se mantendría intacta.

Conceptualizar la educación como una herramienta de emancipación social es entrar en la lógica del sistema asumiendo los postulados pequeño-burgueses. No hay educación emancipadora al margen de la transformación social puesto que el sistema educativo es un subsistema dependiente del todo social.

No obstante, no debemos caer en las tesis de la desescolarización y otras propuestas de la ultraizquierda setentera, puesto que en nada mejorarían la situación actual. No olvidemos que la escuela pública, con sus limitaciones, en la actualidad, es lo mejor que va a pasar en sus vidas a gran parte del alumnado. Pero eso no debe limitarnos para plantear la superación del modelo educativo actual.

El fracaso escolar es un fracaso de clase.

La sociología demuestra que el fracaso escolar tiene un claro componente de clase. En torno a un 40% de los estudiantes no consiguen titular en la enseñanza secundaria obligatoria o no continúan con sus estudios.

La mayor parte del fracaso escolar se aglutina en torno al estudiantado procedente de las clases populares, produciéndose en los últimos años un desplazamiento hacia el alumnado de origen inmigrante.

El fracaso escolar nunca será superado en el marco del capitalismo, puesto que es condición indispensable en la distribución de puestos sociales: mediante la aplicación de “medidas de atención a la diversidad” de carácter psicologista se renuncia a actuar en el ámbito de la desigualdad social individualizando el problema y ocultando que no todos compiten en el sistema escolar en igualdad de condiciones ya que la cultura que la escuela transmite como legítima es la de las clases dominantes, existiendo amplias capas de escolares que no se sienten representadas en torno a la misma.

Superar el discurso de las reformas y contrarreformas educativas de PSOE y PP.

Desde la perspectiva materialista es insostenible mantener que no existe estabilidad en torno a la política educativa y que la falta de consenso entre PSOE y PP perjudica a la “calidad” de la educación.

La aprobación de la LODE en 1985 supone la regularización de la educación concertada, si bien se legisla su carácter subsidiario respecto a la red pública. Desde entonces hasta hoy estamos asistiendo una tras otra, a una serie de reformas que consagran un principio fundamental de la escuela capitalista: dos sistemas escolares para dos clases sociales.

Así, aunque desde las fuerzas políticas afines a la burguesía progresista se asegura que la izquierda del sistema defiende la educación pública y que la derecha encarnada en el PP la desmantela, la realidad demuestra que existe un consenso básico entre ambos bloques. La igualdad de facto entre enseñanza pública y concertada fue consagrada por el PSOE en la LOE al hablar únicamente de “centros sostenidos con fondos públicos”. 

Una ley, por cierto, que además de eliminar el carácter subsidiario de la enseñanza concertada y asegurar su igualdad de trato frente a la enseñanza pública, fue apoyada por la burguesía conservadora catalana y vasca al asegurar para ambas la consecución de ciertas reivindicaciones “nacionales” en torno al currículum y a la autonomía administrativa y de gestión de sus respectivos sistemas educativos.

Conviene desterrar de una vez por todas ciertos mitos en torno al apoyo de izquierda y derecha al sistema educativo público. Por ejemplo, en cuanto a la segregación escolar de los inmigrantes en la escuela pública: si bien es cierto que el gobierno de Esperanza Aguirre segrega a los inmigrantes en la red pública mandando a la misma al 78 %, el porcentaje de estudiantes de origen inmigrante en la red pública de Asturias, gobernada tradicionalmente por la izquierda (PSOE +IU entre 2003 y 2011, alcanza un punto más que en Madrid.

El mito de la derecha potenciadora de la enseñanza concertada y la izquierda  defensora de la pública no resiste apenas ni primer envite. Hace 10 años el 70,6% de los alumnos y alumnas asturianos estudiaban en la pública y el resto en la privada/concertada y privada. 10 años después, y sobre todo, dos legislaturas de la izquierda plural después, el porcentaje era del 70,5%, es decir, prácticamente el mismo. 

Los crisis como coartada para aplicar políticas mercantilizadoras.

Los recortes en educación no son consecuencia de la actual crisis, sino que este tipo de medidas han sido planificadas desde hace décadas. La OCDE ya dejaba clara su estrategia en 1996: las familias reaccionarían violentamente si no se matricula a sus hijos, pero no lo harán frente a una bajada gradual de la calidad (…). Esto se hace primero en una escuela, luego en otra, pero no en la de al lado, de tal manera que se evita el descontento generalizado de la población.” ( Cuaderno de política económica nº 13 OCDE 1996).

1. Mercantilización de la gestión educativa del sistema educativo público:

Las leyes educativas aprobadas en los últimos años suponen la introducción de mecanismos de competencia entre los centros, especialmente en los universitarios, que deben competir por clientes y recursos económicos públicos y privados.

Así mismo, la tendencia legislativa en cuanto a la “gobernanza” de los centros educativos se dirige paulatinamente hacia una gestión profesionalizada en detrimento del liderazgo democrático. (Ver, por ejemplo, la Estrategia Universidad 2015).

Existen ejemplos en Europa de gestión de personal docente por parte de empresas externas. Por ejemplo, la corporación Capstan asume parte de las sustituciones y de la inspección educativa en el Reino Unido.

Según Hirt (ver “Los tres ejes de la mercantilización de la enseñanza”), los presupuestos de los diferentes sistemas escolares suponen más de 2 billones de dólares en todo el mundo. Un pastel demasiado jugoso como para mantenerse al margen del mercado. No se trata de privatizar la enseñanza sino de hacer mercado en este campo, exactamente igual que se hace en la sanidad mediante al conocido Modelo Alzira. De este modo las empresas van introduciéndose poco a poco en la gestión de servicios educativos: primero comedores, limpieza, fotocopiadoras, etc. y luego otros servicios específicos que van desde la gestión de programas complementarios a otros más ajenos hasta ahora al campo empresarial como el gobierno de los centros.

2. Mercantilización del Conocimiento.

El mecenazgo permite que la empresa privada controle el conocimiento que genera la universidad patrocinando aquellas líneas de investigación que le resultan rentables al mismo tiempo que desecha las que no lo son en términos económicos o por estricto interés corporativo. (Existen ejemplos de estudios de master sobre energías renovables patrocinados por empresas energéticas que no destacan precisamente por la sensibilidad ambiental).

La renuncia a reformar el sistema de formación del profesorado en el sentido de formar profesionales reflexivos hace que el profesorado se convierta en un técnico que aplica los materiales didácticos que elaboran expertos ajenos a su centro. Renunciar a un profesorado que elabore sus propios materiales didácticos supone aumentar el control ideológico de la educación por parte de las corporaciones editoriales.

La entrada de la empresa en la escuela también se da mediante actividades como “el desayuno BBVA”, el “momento cocacola” y otra serie de actividades muy típicas en EE.UU, que van entrando poco a poco en los centros de nuestro país gracias a las medidas descentralizadoras y de autonomía en la gestión y financiación de los centros introducidas en la LOPEGCE y las leyes sucesivas.

Asignaturas como “iniciativa emprendedora” son sólo el correlato curricular de la particular cruzada del neoliberalismo educativo para asegurarse la hegemonía ideológica dentro los centros.

Es tal la ofensiva neoliberal y la derrota y entrega de la izquierda del sistema que han transigido incluso con la política de sustitución de las ya de por si escasas becas por “prestamos-renta”, de modo que los estudiantes salgan ya endeudados -y mansos- de la universidad antes incluso de conseguir su primer empleo remunerado.

Elitización

Con el sistema de préstamos, los estudiantes se hacen más conscientes del coste de su educación, (...) y deben esforzarse en los estudios y en el trabajo, para poder devolver la financiación recibida.(…) cabe pensar que la gratuidad de la enseñanza superior no sólo no promueve el esfuerzo de los estudiantes, sino que tiende a crear problemas de selección adversa, atrayendo a la universidad a estudiantes que no tienen posibilidades de completar los estudios, especialmente si existe un sistema de becas que proporcione ingresos además de cubrir tasas (…). (INFORME UNIVERSIDAD 2000)

Lo que el Informe Bricall denomina “selección adversa” es la constatación de la desconexión de la formación superior como credencial para el empleo. Se trata poner freno a la situación inflacionaria de títulos: hacer que haya menos universitarios, llevar a cabo una reconversión de la Universidad como antes se hizo en otros sectores, de modo que se corrija el problema de la sobrecualificación. Para ello, la burguesía planteó una reforma, la de Bolonia, que tras una serie de puntos atractivos a nivel pedagógico que nunca se han cumplido ni se van a cumplir -enseñanza personalizada, situar al alumno como protagonista de su propio aprendizaje, etc.- esconde el objetivo de acabar con la actual universidad a todos los niveles y ponerla al servicio de las grandes corporaciones.

La configuración de los nuevos grados supone tender puentes a la igualdad de oportunidades: es la universidad concesiva pensada como alternativa al desempleo. Pero no ocurre lo mismo con los posgrados, donde se marcará la gran diferencia, puesto que sólo unos pocos podrán hacer frente al coste de un master que asegure cierta “empleabilidad”.

Volveremos a una situación similar a la del siglo XIX y gran parte del XX donde no estudiaba quien “valía” sino quien “podía”. Y es justó ahí donde debemos situar también las medidas de aumento del coste de las matriculas aprobadas por el gobierno del PP recientemente.

Universidad al servicio de la empresa

La extensión de la educación superior en España en la segunda mitad del siglo XX respondía a la necesidad de mano de obra cualificada. La escolarización superior masiva de amplias capas del proletariado se hizo mediante el modelo curricular de la burguesía. Primó lo cuantitativo frente a lo cualitativo.

La aplicación del Espacio Europeo de Educación Superior en nuestro país es un intento de transformar los currículos tradicionales configurados desde el paradigma academicista de la burguesía cultivada por otros concebidos desde el paradigma tecnológico, que no buscan formar intelectuales sino técnicos.

Ese es el sentido del Plan Bolonia: formar al alumnado en torno a competencias profesionales, esto es, a ciertas habilidades y destrezas que les permitan adaptarse fácilmente a las necesidades cambiantes del sistema productivo y no tanto en torno a un currículum que priorizaba otros aspectos al margen de lo estrictamente técnicos. Estamos ante un intento de aumentar la eficiencia formativa de las universidades en torno a las necesidades del capital. 

Propuestas nada revolucionarias para navegar en el ámbito educativo un poco "a la izquierda" del PSOE y no morir en el intento.

El programa de la izquierda a la izquierda del PSOE, si fuera consecuente con sus planteamientos a nivel retórico, debería al menos asegurar las siguientes cuestiones:

  1. Planificación del sistema educativo en torno a los principios de titularidad pública, gratuidad, laicidad y participación democrática.

  2. Desarrollo de las infraestructuras necesarias para generalizar la enseñanza infantil en centros públicos.

  3. Equiparación del porcentaje de alumnos becados hasta los niveles medios de la OCDE (supone pasar de un 20% a más del 40%).

  4. Considerar la investigación como un sector estratégico para el estado, de modo que las lineas de financiación y las patentes sean públicas y no se supediten a criterios empresariales.

  5. Modificar el sistema formativo del profesorado de enseñanza no universitaria mediante planes de estudios específicos.

  6. Apoyar y participar en las luchas educativas dándoles un sentido de clase.

jueves, 10 de mayo de 2012

Julio Anguita volvió a Asturias

El que fuera Alcalde de Córdoba, ex-secretario general del PCE, ex-coordinador general de IU y diputado en las Cortes desde 1986 a 2000, presentó su libro "Combates de este tiempo" en Asturias durante el pasado fin de semana. Fueron tres los escenarios elegidos en días sucesivos y en todos los casos la multitud hizo pequeños los espacios elegidos para desarrollar la presentación.

Con un lenguaje llano, Julio Anguita  propuso en su discurso una transformación radical de la sociedad partiendo de la nacionalización de la banca y los sectores estratégicos (transporte, energía, etc.), apoyándose en los artículos de la Constitución Española que harían estos cambios perfectamente legales -aspecto este que puede despertar las críticas por reformista de los ya convencidos, pero que le permite conectar con quienes están es estadios iniciales de concienciación- e hizo un llamamiento al estudio y la reflexión para ser capaces de hacer frente a la batalla idelógica.

Dejo aquí dos vídeos que tomé en la conferencia del sábado, en La Felguera (Llangreu).


martes, 8 de mayo de 2012

Breve defensa de la escuela pública como trinchera contra el auge ideológico del fascismo.


En las sociedades anteriores a la de la era de la información nos encontrábamos ante un modelo de socialización y comunicación basado principalmente en la cultura hablada. Por ejemplo, en la España rural de la primera mitad del siglo XX las costumbres, los significados comunes y, en suma, los artefactos culturales se construyen y se transmiten de manera endógena sin apenas influencias externas. Radio, iglesia, prensa y escuela son las entidades que mediatizan la cultura.

La escuela tiene en ese contexto un papel fundamental destacando su función no sólo como herramienta de distribución de puestos sociales y de legitimación del sistema, sino también como mecanismo de inculcación ideológica.

Pero en la actual sociedad de la información la situación es mucho más compleja. El sistema escolar sigue teniendo un papel importante en cuanto a las funciones de reclutamiento, selección y distribución e incluso de legitimación social -el titulo académico es un pasaporte de movilidad social- pero la inculcación ideológica ya no es una tarea prioritaria de la escuela.

Medios de comunicación -televisión, cine, internet- son dispositivos mucho más eficaces en ese sentido y están generando que conozcamos el mundo no en función de la realidad que en él se da, sino en tanto que aquellos transmiten una u otra imagen de éste.

Así las cosas, el proceso de mestizaje cultural que se está generando debido a las migraciones fruto de la globalización, es mediatizado por las grandes distribuidoras de la información y no por la experiencia propia de las personas y los grupos en su realidad cotidiana.

Los medios de comunicación están transmitiendo continuamente una visión sesgada -no por ello necesariamente negativa, aunque generalmente lo sea- de la inmigración promoviendo una serie de clichés y estereotipos.

Por ejemplo, un importante porcentaje de la población considera que España es hoy un país más inseguro que hace 10 años, ligando esa inseguridad al aumento de la inmigración. Sin embargo, el conocimiento objetivo que aportan los informes anuales que presenta el Ministerio del Interior en el Congreso de los Diputados hablan de una disminución continua de las tasas de criminalidad en nuestro país. Esa sensación de inseguridad ha sido propiciada e impulsada  por los medios de comunicación de masas.

Los riesgos axiológicos de poner la inculcación de valores en manos de los mass-media es evidente. En la escuela, los valores inculcados a través del curriculum oficial son fruto de la reflexión colectiva y reflejo de ciertos principios constitucionales, pero, ¿a qué principios responde la visión de la inmigración que generan nuestros medios?, ¿a qué valores?, ¿al servicio de quién?

Así las cosas, promovemos en nuestras aulas la igualdad, la solidaridad, la resolución dialogada de los conflictos, el altruismo, etc, al tiempo que nuestros medios promueven los valores contrarios – individualismo, competitividad, violencia...-.

Parece clara la pérdida de eficacia de la escuela -entendiendo por escuela el sistema escolar en su conjunto- en relación con la construcción de valores.

La escuela pública, como punto de encuentro de distintas culturas.

Decía Carlos Lerena, en su obra ya clásica “Escuela, ideología y clases sociales en España” que la reacción fascista, contrariamente a lo que puede pensarse no surge entre las capas sociales acomodadas, sino más bien en las clases populares.

Así, los colectivos que él denomina como “proletariado aburguesado” y “burguesía proletarizada”, es decir, las capas en transición, son generalmente el caldo de cultivo de estos totalitarismos: Es más fácil culpar al inmigrante del colapso de la sanidad -puesto que lo ves junto a ti en la sala de espera del centro de salud público- que tratar de pensar y reflexionar sobre el modelo económico neoliberal que está precarizando la sanidad pública. Son, por tanto, las capas sociales que sufren el empuje de los que vienen detrás las que reaccionan basculando esa presión hacia el diferente en lugar de hacerlo hacia el “enemigo común” de ambos, es decir, hacia quienes precarizan sus vidas planificadamente para que una pequeña minoría mantenga sus tasas de acumulación de beneficios.

En este contexto, la escuela pública debe ser un punto de encuentro entre las clases populares nativas y extranjeras en nuestro país reivindicándose nuevamente como agente de socialización y de construcción de valores basados en la inclusión y en la interculturalidad.

Si históricamente se ha caracterizado la escuela liberal como un lugar de lucha contra el oscurantismo y el fanatismo religioso imperante en el antiguo régimen, ahora hemos de recuperar para la escuela pública ese carácter de lucha contra el oscurantismo mediático e ideológico que trata de distorsionar la realidad cultural española transmitiendo una imagen sesgada y estereotipada de los colectivos inmigrantes, de sus culturas de origen y de la propia realidad multicultural de nuestro país.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Contra la cultura emprendedora

La derecha gusta mucho de utilizar terminologías bien sonantes, cuando no rimbombantes, para referirse a sus políticas y estrategias de perpetuación del control sobre el modo de producción. 

En el ámbito de la enseñanza, gustan mucho de emplear términos y expresiones como "calidad", "excelencia", "conexión con las necesidades de la sociedad", "eficacia", "innovación", "sociedad del conocimiento", etc. 

Así las cosas suelen apropiarse de estos términos para esconder tras ellos sus políticas rancias de toda la vida. Es, pues, una aplicación más de uno de sus más eficaces inventos: el marketing. ¿Podría alguien oponerse a una enseñanza de calidad? evidentemente no. La trampa reside en no hacer explícito lo que unos y otros entienden por  calidad. Para la derecha calidad es gestión eficiente en términos económicos y consecución de objetivos académicos. Es decir, elitización promocionando e incentivando a los mejores y reducción del gasto educativo.

Lo mismo podemos decir de la "excelencia" y de los campus de excelencia que proliferan como setas por las universidades españolas al tiempo que se reducen las partidas presupuestarias destinadas a la educación superior. Decir que reducimos el gasto y que vamos a potenciar únicamente unos pocos centros en cada universidad suena muy mal, pero decir que vamos a aplicar una gestión en aras de la excelencia convence al más escéptico. El  ingenuo estudiante promedio no alcanza a entender que detrás de un término a priori positivo se esconde una estrategia realmente nociva para sus intereses. 

Por eso la izquierda real siempre ha evitado caer en la palabrería barata. Antes de proclamar el objetivo de una enseñanza de calidad, prefiere acotar el término enseñanza acompañándolo de ciertos calificativos que hacen unívoca la comprensión de lo que realmente se quiere decir: enseñanza de calidad si, pero ¿qué entendemos nosotros por calidad? Enseñanza pública, gratuita, laica, científica, etc. Conectada con las necesidades de la sociedad si, pero concibiendo la sociedad como algo que trasciende los intereses del tejido empresarial, anteponiendo las personas a los beneficios.

Mención aparte merece la "cultura emprendedora". La cultura emprendedora es como una aspirina. Sirve para todo. Lo mismo te soluciona una crisis estructural como la actual como saca a una región entera de su decadencia gracias a un cambio de mentalidad.

Se trata por tanto de una argumentación psicologicista que pretende reducir a una cuestión individual -de cambio de mentalidad- procesos estructurales de naturaleza política y económica. 

Así, promueven por las Facultades Universitarias una visión propia de los mundos de Heidi según la cual el problema del desempleo está en nosotros mismos. Si conseguimos desprendernos de nuestros miedos y complejos -más psicologicismo- y desplegamos soluciones imaginativas encontraremos solución a nuestros problemas de desempleo -o de cualquier tipo-.

La cultura emprendedora, que tanto gusta a la izquierda débil, es un invento peligroso. Como decía, es una estrategia de individualización que sitúa los problemas derivados de la aplicación de las políticas neoliberales en el propio sujeto: eres el responsable de tu situación de éxito o desidia. Y blinda a las castas dominantes mediante una teoría según la que no gozan de privilegios injustos sino más bien de competencias para desenvolverse adecuadamente en la sociedad del conocimiento y emprender proyectos empresariales adaptados a las actuales condiciones del sistema productivo.

De la imposibilidad de que todos nos convirtamos en "emprendedores" nada se dice. Es como si ante una riada, en un hormiguero se debata qué hacer para no morir ahogadas. La hormiga emprendedora propone una fácil solución consistente en cruzar las zonas anegadas por el agua encima de hojas de árboles. Lo que se  olvida de decir es que no hay hojas para todas, y que la mitad de las hojas que bajan por las aguas vienen dañadas y por tanto son  inservibles.

No a la Guerra

No a la Guerra
Oviedo, 20 de marzo de 2003